Toma de decisiones. Clase. El Universal. Jueves 13 de agosto 2015

“Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.” Paulo Cohelo. 

 

En nuestra vida diaria tomamos decisiones a cada momento, desde qué desayunar, qué ruta tomar hacia el trabajo, ir o no a algún lugar… Es algo tan natural que muchas veces lo hacemos en automático, sin pensarlo dos veces. Sin embargo, existen algunas que son mucho más importantes y que determinarán el rumbo de nuestra existencia.

 

Los cambios son inevitables. Muchas veces son determinados por eventos tales como la muerte de un ser querido o un despido laboral, por ejemplo, y nos obligan a transformarnos de alguna manera -nos guste o no- y es nuestra elección la forma en la que vivamos este proceso.

 

Ya sea que nos veamos obligados a cambiar o que seamos nosotros los que decidamos hacerlo voluntariamente, algunas consecuencias podrían ser: sentir temor a lo desconocido, al qué dirán, incertidumbre, costumbre a algo que tal vez ya no es bueno para nosotros o que seamos tan orgullosos que temamos perder el control de las circunstancias.

 

En cualquiera de los casos, lo que he visto y experimentado es que las mejores decisiones las tomamos cuando nuestra mente y nuestra intuición están alineadas. A esto último es a lo que yo llamo corazón.

 

A mayor edad, tenemos más experiencia tomando decisiones. Y esto puede ser un arma de doble filo, ya que por una parte sabemos que somos capaces de hacerlo, y por otra, nos quedamos atrapados en el pasado por alguna experiencia negativa que haya resultado de una “mala decisión”.

 

Creo que todas las decisiones que hemos tomado han sido acertadas aunque pensemos que fueron un error porque con el tiempo entenderemos que cuando las tomamos, eran nuestra mejor opción, con las aspiraciones y conocimiento que teníamos acerca del tema en ese momento y como consecuencia hoy somos quienes somos. Nadie en su sano juicio optaría por algo que de entrada fuera perjudicial para él o ella. Simplemente utilizó la información disponible en su momento.

 

La claridad perfecta no existe, no podemos ver el futuro, pero en la medida en la que seamos congruentes con nuestra mente y corazón, tendremos la posibilidad de disminuir los efectos negativos de nuestra toma de decisiones.

 

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