Ser y Hacer. Clase. El Universal. Jueves 7 de junio 2018

“El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos”. Miles Davis

 

En esta realidad estamos muy acostumbrados a la acción: le damos un valor enorme a hacer y a hacer y a hacer cosas para que podamos reconocer que somos valiosos o que nos reconozcan que somos valiosos.

 

Vivimos en la mentira de que las cosas son lineales: hago tanto, gano tanto. ¿Es verdad? ¡Claro que no!

 

¿Te ha pasado que por más que hagas no ves un cambio en tu vida? ¿Qué tal que lo que se requiere es precisamente que dejes de hacer y de dar y que seas y que recibas. Que reconozcas que tu sola presencia es suficiente para que las cosas cambien.

 

Es como la energía de un bebé: no tiene que hacer nada para recibir lo que requiere. Y así llegamos todos a este mundo: con esa apertura a recibir simplemente por ser. Mira a tu alrededor, a la naturaleza, los árboles reciben la lluvia y el sol y no trabajan por ello.

 

Somos seres infinitos y un SER infinito: sabe, es, recibe y percibe. ¿Qué tal que lo que se requiere es más bien un cambio de chip, algo más interno que hacia fuera, un reconocimiento propio y sin juicio de nosotros mismos para acceder a esa grandeza que somos más allá de los resultados que se esperan?

 

¿Conoces a alguien que sea como un imán y que todos desean su compañía? Se trata de personas que están abiertas a recibir y que reconocen su fuerza en ser.

 

Como seres infinitos no estamos definidos por un género sexual, sin embargo al tomar un cuerpo entramos a este mundo de polaridad en el que existen dos energías: masculina y femenina. Durante siglos ha sido muy valorada la masculina, que es la que se refiere a la acción, a este hacer y hemos olvidado el valor de la energía femenina, que es la de la creación, la de recibir.

 

Sin importar si tienes cuerpo de hombre o mujer, tienes la capacidad de acceder a ambas energías. El chiste está en saber cuándo requieres una y cuando la otra.

 

Y no estoy diciendo que de ahora en adelante te pongas en un pedestal para que te alaben y no muevas un dedo. Se trata más bien de un reconocimiento para saber qué energía se requiere en cada situación.

 

¿Estarías dispuesto a probar tu capacidad de elegir cuándo das y cuándo tomas, cuándo eres y cuándo haces? A fluir como la música: cuándo se requiere sonido y cuándo silencio…

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