¿Qué regalos hay detrás? Clase. El Universal. Jueves 16 de agosto 2018

“Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero.” Barón de Montesquieu

 

Estamos acostumbrados a ver los efectos de las situaciones de manera lineal: “si doy estos pasos, los resultados serán estos”. Algo que me ha divertido mucho es descubrir que los resultados no necesariamente son los que creímos, sino que aparecen en direcciones a veces inesperadas por nuestra mente.

 

Nos gusta controlar todo y minimizar los riesgos, sin embargo, cuando elegimos fluir y estar abiertos a que existen miles, millones de posibilidades ahí esperándonos a que nos demos cuenta y las elijamos, podemos divertirnos y maravillarnos de todo lo que nos perdemos al estar siguiendo estructuras rígidas de pensamiento y acciones.

 

Como ya he mencionado en otras ocasiones, nuestros cuerpos son una brújula que nos aporta información muy valiosa para reconocer estas oportunidades.

 

¿Qué tal cuando se nos eriza la piel con algo que escuchamos o percibimos? ¿De verdad crees que es porque había viento? ¿Qué tal que eso es un mensaje de tu cuerpo diciéndote que sigas eso o que le gusta algo?

 

¿O cuando de pronto sientes tanto espacio con él que flotas? ¿Y qué me dices cuando de pronto se contrae y relaja, como diciéndote “sí”?

 

Cada uno de nosotros recibimos esta información de manera diferente y en distintas circunstancias también puede cambiar la forma en la que nuestro cuerpo nos comunica algo que puede ser beneficioso para nuestras vidas, mucho más allá de lo obvio.

 

Hace poco una consultante me contó una historia que me gustaría compartir hoy contigo. Ella estaba pasando por una época de su vida muy complicada y estaba buscando trabajo. Le ofrecieron un puesto que de momento le llamó la atención y a la mera hora esa vacante no estuvo disponible, por lo que le ofrecieron otra opción que no se parecía nada a la original y que cualquiera, usando la lógica hubiera rechazado de inmediato. Sin embargo, no sabe por qué, pero algo sintió en su cuerpo que le dijo, “tómalo”.

 

Siguió la señal y fue precisamente en ese lugar cuando conoció a quien es hoy su esposo por más de 15 años. Formaron una familia muy bonita y un negocio próspero.

 

Mi invitación el día de hoy es que te abras a recibir esas señales y que invites a tu cuerpo a reconocerlas  y lo más importante, que elijas ir hacia allá por más irracional que esto parezca. Te aseguro que encontrarás regalos detrás de aquello que de momento no puedes ver.

 

 

 

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