La tristeza, reparadora del alma. Clase. El Universal. Jueves 6 de abril 2017

“No le huyas a la tristeza, aprende de ella.” Roberta Carriles Gibbon

 

Entre las emociones que consideramos “negativas” está la tristeza. Como todas las demás, tiene una función y en este caso la suya es la de facilitar la introspección, profundizar dentro de uno mismo.

 

Por lo general, nos entristecemos ante una pérdida, la caída de un ideal, la soledad …y nuestro cuerpo baja su ritmo y se desconecta del exterior. Nos sentimos vulnerables y expuestos, los pensamientos son obscuros y nos dan muchas ganas de llorar.

 

Recordamos momentos felices de nuestro pasado y quisiéramos regresar a esa etapa en que las cosas eran distintas.

 

Es algo inevitable, sin embargo podemos aprovechar la oportunidad que nos da para sumergirnos en nuestro interior y reparar nuestra alma. Reconocer qué es lo que estamos necesitando en ese momento y apapacharnos y cuidarnos de una manera amorosa. Tal vez comprarte algo te puede ayudar de momento, pero eso no curará tu dolor. En poco tiempo volverás a sentirte mal. Trata de cuidarte de una manera amorosa: come bien, descansa lo necesario, camina, escucha música, cualquier cosa que te ayude a curar tu corazón.

 

Este sentimiento es uno de los más difíciles de aceptar. Muchas veces está escondido bajo el enojo, ya que es más fácil mostrarnos enojados que tristes. Además al estar enfadados nos protegemos de un daño mayor al que ya estamos experimentando al sentir nuestras heridas abiertas.

 

Muchas veces buscamos la contención afuera y nos llevamos sorpresas poco agradables. ¿Te has dado cuenta que cuando alguien se siente afligido y le comenta a otro la respuesta es “No estés triste”? Esto es porque nos cuesta trabajo contactar con nuestra propia  emoción y el espejo del otro nos asusta. O peor aún, que se diga “No es para tanto”. ¿Quién define si es “para tanto” o no?

 

 

Lo más sano es sentir cada emoción como viene, de lo contrario se hará más y más grande al no ser escuchada. Date tu tiempo, pero evita alargarlo de más, porque puede convertirse en una depresión. Si sientes que por más que quieres no puedes salir, busca ayuda profesional.

 

Recuerda que el dolor bien trabajado puede ser un catalizador para algo mejor y el sufrimiento es opcional.

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