Historias de citas a ciegas. Clase. El Universal. Jueves 11 de febrero 2016.

“Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse”. Santo Tomás Moro

 

En este mes del amor, se me ocurrió ponerle un poco de humor al tema. ¿Quiénes hemos salido en  una “cita a ciegas”? Por lo general, éstas son promovidas por familiares y amigos que quieren ayudarnos a encontrar a nuestra media naranja. Suelen ser desastrosas y pocas veces cumplen su cometido. Lo cierto es que si te lo tomas con filosofía, siempre puedes tener una historia divertida que contar. Aquí algunas:

 

Un tipo muy educado llega a recoger a su date. Cuando ella sale, él le dice que su coche se descompuso y que le daba pena cancelarle, que si no tiene inconveniente en que se lleven uno de su casa. Ella se sorprende, y aún así pide las llaves del coche a su papá. El galán se sube al auto y cuando se echa en reversa, lo golpea con otro que está en la calle y le dice: “¡Qué pena, ya choqué el coche de tu papá!”. Y ella le contesta “ ¡Y el de afuera es el de mi mamá!”…

 

A una amiga la convencen de salir con un blind date, con la típica frase de “si no te gusta, seguro tiene amigos”. Por fin acepta, siempre y cuando lleve a su amiga al numerito. Él pasa por ella y juntos van por la amiga. En cuanto el date y la acompañante se ven hay un flechazo total. Mi amiga acabó siendo mal tercio en esa nueva historia de amor. Poco faltó para que se tuviera que regresar en taxi…

 

Me invita el amigo de un primo a una boda. Me enfermo un día antes, pero decido salir con todo y la tos de perro que traigo, ¡Cómo perderme esta oportunidad si es “guapo y decente”! Tanto, que por más que insisto en intercambiar asientos con su amigo e irme atrás para evitar que me dé el aire acondicionado directo, él me dice que de ninguna manera, que yo voy de copiloto ¡faltaba más! y apaga el aire…Y así tomamos la carretera por casi tres horas, a 30 grados de temperatura y con las ventanas abiertas. Toso tanto que los ojos me lloran y se me corre el rímel, parezco mapache. Llegamos en un estado deplorable: empapados y despeinados a un lugar elegantísimo. Y me siento tan mal que al poco rato nos salimos de regreso a mi casa…

 

Y por último, una historia en la que triunfa el amor, para terminar como nos gusta: Están dos amigos en un bar y ella le pide que le presente a alguien. Él, ni tardo ni perezoso, ve al primer hombre que pasa y los presenta. Hoy la pareja lleva 20 años de casados y tienen dos niñas…

 

Como se dice, “lo último que se pierde es la esperanza”. Así que anímate, en febrero el mundo nos permite ser cursis, audaces e incluso torpes. Todo sea en nombre del amor. Si no lo encuentras, por lo menos podrás reírte de ti mism@ y agradecerte el haberlo intentado.

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