¿Estás dispuest@ a recibirte? Clase. El Universal. Jueves 26 de julio 2018

“Hay que llevar dos sacos, uno para llevar y otro para recibir.” Anónimo

 

Cuando eras un bebé no tenías que pedir nada, todas tus necesidades eran satisfechas “así nomás”. Creciste y como niñ@ no tenías límites, para ti, todo era posible, no había que considerar nada más que ser tú.

 

En algún momento tus padres o figuras de autoridad te empezaron a decir frases como “no pidas tanto”, “todo tiene un límite” “tienes que ganarte las cosas”…. Aunque probablemente no entendías muy bien, te fuiste haciendo a la idea de lo que te moldeaban y ya no era tan fácil recibir como lo había sido o tan sencillo como respirar, que lo hacías de manera natural.

 

Te enseñaron también que siempre tenías que pensar antes en los demás que en ti y que era mejor estar dispuesto a “sacrificarse” por los demás incomodándote antes de siquiera pensar en que alguien se incomodara por ti.

 

Hoy, muchos años después, sigues manejándote automáticamente bajo esas premisas, aunque tal vez, en el fondo percibas que algo no te cuadra. ¿Te cuesta trabajo cobrar por tu trabajo o pedir un aumento? ¿Sientes que cuando estás en una relación constantemente debes algo y que tienes que dar más? ¿No te atreves a dar tu opinión por miedo a quedar mal y a ser rechazad@? ¿O te juzgas constantemente por mostrarte?

 

¿Qué tal que la verdad es que sí puedes pedir y recibir al mismo tiempo? ¿Qué tal que es mentira que te debes ganar las cosas y juzgarte constantemente? ¿Qué tal que solamente por ser tú pudieras gozar de todo sin la idea de que tienes que merecértelo?

 

Esas preguntas que tal vez te hayas hecho pueden ser las que te regresen a ese estado natural en el que llegaste y que con el tiempo has olvidado.

 

Ahora lo que sigue es estar dispuest@ a recibir y a hacerlo con la energía que lo hiciste en tus primeros meses de vida, sin culpa, sin remordimientos.

 

¿Cómo empezar? ¿Qué tal que pudieras recibir un cumplido o un piropo sin enrojecerte? ¿Aceptar cuando alguien te agradece algo que hiciste? ¿Qué tal que te apapacharas y que cada vez que sientas culpa por salir a la luz recordaras que ERES esa luz?

¿Estarías dispuest@ a sentirte incómod@ en el proceso e incluso a veces a ser esa energía incómoda? Es cuestión de práctica, como un músculo.

 

¿Cómo sería tu vida si te demandaras a ti mism@ regresar a esa capacidad natural con la que llegaste?  Y ahora sí abróchate el cinturón y pregúntate: ¿estoy dispuesto a recibir?

 

 

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