Eres más que tus heridas. Clase. El Universal. Jueves 27 de octubre 2016

“Hace mucho tiempo aprendí que para curar mis heridas necesitaba tener el valor de enfrentarlas”. Paulo Coehlo.

 

Nuestras heridas son creadas por experiencias que vivimos en nuestra infancia. Lisie Borbeau menciona cinco heridas primarias: herida de rechazo, de abandono, de humillación, de traición y de injusticia. Podemos haber sufrido algunas o todas, sin embargo hay una que prevalece por encima de las demás.

 

Estas cicatrices se abren cada vez que se presenta una situación que hace evidente cuál es tu dolor primario. Por ejemplo: Una persona que sufrió abandono por sus padres, podría estar repitiendo el patrón, ya sea siendo abandonado por sus parejas o amigos o siendo él/ella mism@ quien los deja para evitar el dolor de ser desamparado. O por el contrario, hacer consciente que el abandono es uno de sus retos y dedicarse a rescatar a perros maltratados e incluso laborar en una fundación que apoye este fin.

 

Y no solamente se trata de reconocerlas, sino de hacer algo con ellas. Puedes estar yendo por años a una terapia a llorar porque fuiste rechazad@ y seguir lastimándote. Esto solamente hace que te sientas peor, que te des lástima y la herida se hace más profunda y dolorosa, como si le echaras limón.

 

Otra forma de evadir las heridas es vinculándote con personas que en vez de ayudarte a crecer, te lamen la herida para que aparentemente no te duela, sin embargo cada vez se hace más grande.

 

Las relaciones interpersonales y sobre todo las íntimas te presentan la mejor oportunidad de curarte. Ya que te pueden mostrar exactamente cuáles son las áreas de tu vida en las que tienes que trabajar para ser mejor persona.

 

Contrario a lo que creemos, quienes representan un reto y “detonan” nuestros botones, son los que nos pueden ayudar a transformarnos. De hecho, la mejor manera de crecimiento la tenemos a través de la socialización, ya que de lo contrario, si no ves a nadie, seguramente puedes creer que estás mejor, pero no es así, ya que no estás dando los pasos para crecer y transformarte en un mejor ser humano.

 

Aquí un ejemplo podría ser que en una pareja ambos sufrieron herida de humillación, entonces la dinámica podría ser que uno repite el patrón de avergonzar al otro constantemente y el otro es sumiso y complaciente porque aprendió a ser humillado. Pueden seguir enganchados por mucho tiempo, pero si uno de ellos decide hacer su trabajo personal y poner un alto, la dinámica desaparece. Quien decide poner límites aprovechó esa situación para darse cuenta que su labor para salir era hacer consciente esta manera de relacionarse y encontrar los medios para salirse de ahí.

 

Sí, pudiste haber vivido situaciones muy tristes en tu infancia, pero éstas no determinan quién eres. Tu grandeza la experimentas cuando eres capaz de hacer algo con aquello que te sucedió, cuando te das cuenta que eres más que tus heridas.

 

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