En tu centro. Clase. El Universal. Jueves 9 de marzo 2017

“Cuida el momento y cuidarás todo el tiempo.” Buda

 

Es muy común que escuchemos la frase “mantenernos en nuestro centro”, pero ¿qué significa? Según César S. Fuentes es “Ocupar nuestro lugar ordenado en la vida y hacernos cargo sólo de lo que nos corresponde”.

 

Lo que sucede es que día con día estamos expuestos a circunstancias que distraen nuestra atención interior y empezamos a reaccionar de manera impulsiva y desmedida ante estos sucesos.

 

Nos volvemos obsesivos tratando de resolver lo que está allá afuera y nos olvidamos del contacto con nosotros mismos. Cuando esto sucede por períodos prolongados podemos caer en una situación de estrés que llegue a afectarnos incluso físicamente: pérdida de sueño, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, dolores de cabeza y musculares, entre otros síntomas.

 

El problema es que muchas veces no detectamos en qué momento empezamos a salirnos de nuestro eje. Brincamos de una emoción a otra: de la tristeza al enojo, al miedo, al sufrimiento, nos molestamos por cualquier cosa que no nos gusta, nos aislamos. Y empezamos a depositar nuestro valor en las otras personas, como si de ellos dependiera. Generamos expectativas que al no cumplirse nos frustran y acabamos en una bola de nieve que si no detenemos crecerá hasta hacerse enorme.

 

Por eso es muy importante que estemos conscientes de lo que nos está sucediendo en cada momento, de manera que podamos evitar que crucemos los límites en los que la ayuda profesional sea la única alternativa.

 

Es muy importante aprender a distinguir entre la presión y el estrés. Cuando estamos presionados en un grado “sano”, por decirlo de alguna manera, ésta puede ser una oportunidad de crecimiento, ya que nos impulsa. Sin embargo, a veces se trata de un malestar constante y por mucho tiempo y cuando menos nos demos cuenta, ya estamos totalmente fuera de nuestro centro.

 

Recuerdo un ejemplo que alguna vez me contaron: Si tienes una olla con agua muy caliente y pones a una rana, saltará inmediatamente al sentir el calor. Pero si pones a la rana en agua vas subiendo la temperatura de forma gradual, la rana se acostumbra a este aumento hasta que llega un momento en que muere. El primer caso es cómo funciona la presión y el segundo, cómo funciona el estrés.

 

Entiendo que el mundo va muy rápido y que a veces sentimos que no podemos agarrar el ritmo que nos marca.  Recuerda que el ritmo que te conecta con la vida es el propio. Escúchate y conéctate contigo. Descansa lo que tu cuerpo te pida, come a tus horas, ríete y disfruta lo que estás haciendo en este momento. De esta manera podrás mantenerte en tu centro con mayor frecuencia.

 

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
® En Mi Mejor Version por Roberta Carriles Gibbon