El regalo del enojo. Clase. El Universal. Jueves 25 de junio 2015.

El primer paso para descubrir la oportunidad que se presenta en cada problema es estar consciente de que tienes un problema.”  Chloe Faith Wordsworth.

 

Estamos familiarizados con que enojarnos está mal. Sin embargo, el enojo, como todas las emociones, tiene una función, un regalo, que es ayudarnos a poner límites.

 

Como tenemos programado que para ser “buenas personas” no podemos enojarnos, entonces tenemos dos opciones: o reprimirlo y sentirnos culpables o atacar impulsivamente cuando lo experimentamos.

 

Y ninguna de las dos nos va a ayudar, por el contrario, nos traerá más problemas.

 

Como el enojo y los límites están relacionados, si analizamos, éste surge en primer lugar hacia nosotros mismos, por haber permitido que se rompieran. Pero al no contactar con la emoción, atacamos y echamos culpas a todo y a todos, cuando fue a nosotros mismos a quienes defraudamos.

 

Entonces lo más importante es detectar lo que sentimos y ver qué fue lo que pasamos por alto. Una vez que lo identifiquemos, podremos entender la razón por la que estamos pasando este mal rato.

 

El siguiente paso es aceptarlo. Rendirnos a que fuimos nosotros quienes en primer lugar rompimos la barrera  de lo que queremos o no queremos en nuestras vidas.

 

Después, comprender que hay un tiempo de duelo para poder sintonizar con nuestro dolor. Esta etapa es esencial y necesaria para dar el siguiente paso.

 

Si concedemos el perdón anticipadamente a la otra persona sin haber vivido el duelo, corremos el riesgo  de que más tarde el enojo pueda brotar con mayor intensidad. Por el contrario, cuando ya pasó un tiempo considerable y seguimos enojados con el otro, hay que tener cuidado, porque podríamos estar apegados la emoción de tal manera que no podemos vivir sin ella.

 

Atacar y culpar al otro inmediatamente cuando nos enojamos en todos los casos tendrá consecuencias negativas porque enredaremos más las cosas y convertiremos el diálogo en una guerra.

 

Cuando nos damos cuenta de que enojarnos nos ayuda a poner límites, dejamos de flagelarnos porque comprendemos que seguimos siendo buenas personas, simplemente nos equivocamos, y al tener esto consciente lograremos fluir mucho mejor en nuestras relaciones.

 

Recuerda que la imperfección es parte de la vida y que cada cosa que nos sucede, cada problema, trae atrás un regalo. Acepta el regalo y agradécelo. Te sentirás mucho más feliz.

 

 

 

 

 

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