Desacelera. Clase. El Universal. Jueves 26 de enero 2017

“Cuando no hay un enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño.” Proverbio africano

 

Estos son momentos de mucha incertidumbre, no sabemos qué va a suceder en el país y en el mundo y esto, como es natural, nos genera mucha ansiedad. Cada vez escucho de más personas que están pasando por episodios de insomnio, angustia antes de dormir o al despertar.

 

No es que estemos locos, es una manifestación del tipo de vida que estamos llevando. La raíz de todo esto es como siempre, a nivel individual. Mientras no te sientas fuerte, cada evento que provenga de afuera va a causarte estragos que muchas veces terminan en enfermedades físicas y emocionales.

 

Por favor, evita que tu vaso se desborde. Detente a tiempo. Escúchate, toma en cuenta tus propias necesidades, contacta con tus emociones, conócete.

 

¿Qué sucede? Que queremos vivir a mil por hora, nos ametrallamos con noticias, problemas, trabajo, familia, pareja y dejamos nos dejamos hasta el último lugar. Y usamos pretextos como el tiempo o el dinero para evadir momentos con nosotros. Desacelera, ¡por favor hazlo!

 

¿Cuánto tiempo estás en el tráfico? ¿Cuánto en internet o redes sociales? ¿Cuánto discutiendo con alguien? Ese sí es tiempo valiosísimo que estás desperdiciando en cosas que no te ayudan.  Haz conciencia de esto. ¿Y si tomaras ese tiempo para acompañarte? Y no me refiero a meditar, hay otras opciones: escucha tu música favorita, desconéctate unos minutos, sal a caminar. Te lo digo por experiencia propia: el ritmo que vivimos, el acelerado y destructivo, es producto del consumismo, del miedo, de afuera. No es el ritmo natural de la vida, el de tu cuerpo.

 

¿Cuánto tiempo estás en el tráfico? ¿Cuánto en internet o redes sociales? ¿Cuánto discutiendo con alguien? Ese sí es tiempo valiosísimo que estás desperdiciando en cosas que no te ayudan.  Haz conciencia de esto. ¿Y si tomaras ese tiempo para acompañarte? Y no me refiero a meditar, hay otras opciones: escucha tu música favorita, desconéctate unos minutos, sal a caminar. Te lo digo por experiencia propia: el ritmo que vivimos, el acelerado y destructivo, es producto del consumismo, del miedo, de afuera. No es el ritmo natural de la vida, el de tu cuerpo.

 

Solamente cuando te detienes, podrás sintonizarte con el flujo de la vida y encontrarás que el ritmo es otro. Y sí puedes lograr tener una calidad de vida mucho mejor a la que crees que “tienes que tener” viviendo como lo haces ahora.

 

Las emociones no escuchadas van a acabar gritando de la manera que sea para que les pongas atención. No son el enemigo, son tus aliados pidiéndote que te des un descanso. Momentos contigo más allá de tus roles familiares, sociales y laborales.

 

Te voy a compartir una visualización que puede ayudarte.  Cierra los ojos y comienza a respirar profundo e imagina una burbuja transparente alrededor tuyo, del tamaño que quieras. Tú estás adentro y sientes paz. Ahí nada malo va a suceder. Es tu escudo en el que te sientes protegid@, amad@. La prisa no existe ahí. Quédate ahí el tiempo que sea necesario, te ayudará a volver a tu centro y después poco a poco regresa al aquí y ahora. Cuando abras los ojos te sentirás más fuerte, con más ánimo para enfrentar lo que sea que esté afuera. Hazlo las veces que sean necesarias.

 

Cuando sea un hábito en ti regresar a tu centro, serán cada vez menos los enemigos externos que puedan atacarte.

 

 

 

 

 

 

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