Déjate arrullar por la vida. Clase. El Universal. Jueve 10 de septiembre 2015

“La desilusión es la distancia entre la expectativa y la realidad”. Zahkul

 

Con frecuencia escuchas consejos que te invitan a “fluir”. Suena muy bien y muy sabio, pero ¿cómo lo haces? ¿por qué te sientes atorado? ¿por qué a veces sientes que estás jalando una carreta o subiendo una montaña cuesta arriba? ¿qué es lo que te impide fluir?

 

Yo me he sentido así en muchos momentos de mi vida, con ansiedad y miedo y cada vez que me decían “fluye”, más me asustaba porque no sabía cómo.

 

Con el tiempo me he dado cuenta que lo que nos impide fluir es el volvernos esclavos de nuestras expectativas. Por supuesto que el tener metas nos hace vivir una vida con sentido y propósito. Nos hace levantarnos con emoción, hacer las cosas con amor y alegría. Sin embargo hay ocasiones en las que por más que hacemos todo lo que está a nuestro alcance, las cosas no suceden como esperábamos.

 

Esto nos causa frustración y es aquí cuando nos estancamos. Creemos que si una vez fallamos, no vale la pena volverlo a intentar. Y se vuelve un círculo vicioso:  atascarnos nos da miedo y el miedo hace que nos paralicemos.

 

Entonces ¿qué es fluir? Fluir tiene que ver con aceptar que hay algo superior (cualquiera que sea tu creencia) y que somos parte de un universo con posibilidades infinitas, incluso mucho mejores a las que podemos conocer y reconocer con nuestros sentidos y nuestra mete.

 

Muchas veces por estar tan apegados a lo que deseamos, en vez de que la meta sea un incentivo, se convierte en un obstáculo y nuestra terquedad de que las cosas sean tal y como las soñamos nos impide ver más allá de nuestras narices.

 

Algo que me sirve a mi cuando me siento así es imaginarme que estoy en la playa viendo el mar de frente. Camino poco a poco hasta que mis pies tocan el agua,  luego camino un poco más. Si veo una ola muy grande tengo dos opciones: o paralizarme y dejar que me revuelque o nadar por debajo de ella hasta pasarla.

 

Una vez que ya estoy más atrás de las olas, en donde el mar está más calmado, me pongo a flotar boca arriba. Y dejo que el agua me mezca sin oponerme. Disfruto de esa sensación de arrullo. Como cuando era bebé. Yo no hacía nada, solamente me dejaba apapachar.

 

Así comparo esta sensación con la vida, si me hubiera dejado intimidar por la ola y me hubiera revolcado, seguramente el miedo de volverlo a intentar me habría impedido vivir la experiencia de la calma.

 

Te invito a que nades por debajo de las situaciones que te atemorizan y que te des la posibilidad de que la vida te acune, te equilibre y te guíe.

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