Cuida tus reservas. Clase. El Universal. Jueves 14 de diciembre 2017

“Quien vive con más desahogo, no es el que tiene más, sino quien administra lo mucho o poco que tiene”. Ángel Granivet

 

Estamos en una época del año en la que parece que el mundo va más rápido de lo normal.  Vivimos con prisa por cerrar los últimos detalles, salir a las tiendas a comprar, fiestas, eventos, diversión…

 

Se trata de un momento en el que también surge la nostalgia porque extrañamos a amigos y familiares que ya no están, ya sea porque murieron o porque están lejos físicamente.

 

Esta energía comienza cada vez con mayor anticipación. Los comercios están ofreciendo descuentos y adornos navideños desde meses antes, con lo que aumenta el estrés, aunque no nos demos cuenta.

 

Si esto puede afectar a quienes han llevado un ritmo tranquilo, imagínate cómo te podría perjudicar si ya traías vuelito y venías a toda velocidad. La sensación podría ser como de bajada en un juego en la feria.

 

Sucede que cuando todo está bien, ni siquiera nos damos cuenta si estamos agotando nuestras reservas de energía, porque estamos tan contentos que no nos hacen falta. Lo mismo sucede con el dinero: cuando sientes que tienes gastas y gastas a veces sin control e incluso hasta tus ahorros.

 

Y de pronto ya estás pidiendo esquina y ni siquiera ha empezado lo bueno. ¿Has escuchado lo de “Paren al mundo, que me quiero bajar”.

 

Bueno, para que no te suceda mi recomendación es que independientemente de la situación en la que te encuentres, estés al pendiente de lo básico: tu sueño, que tomes suficiente agua, que comas bien… Parece mentira, pero el pasar por alto las necesidades de nuestro cuerpo influye muchísimo en nuestro estado de ánimo y del mismo modo también nos regresa al equilibrio.

 

Imagínate que ya estás en el torbellino de las fiestas y que sientes que ya no te puedes bajar. Detente. Sí, aunque creas que no puedes. Sí puedes. Descansa, tal vez es mejor cancelar un evento y dormir bien una noche que echarte todos los eventos agotado, de mal humor y sin disfrutar.

 

Haz una pausa y vuelve a tu centro. Ahí te darás cuenta que no es necesario acabar con tus fondos y que puedes tener algunos para recurrir a ellos cuando lo requieras.

 

Escucha a tu cuerpo y se convertirá en tu mejor aliado.

 

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