Con fecha de caducidad. Clase. El Universal. Jueves 14 de febrero 2019

“Nunca andes por el camino trazado, pues te conducirá a donde otros ya fueron.” Alexander Graham Bell

 

Cuando somos pequeños y vamos despertando a la vida descubrimos formas en las que recibimos lo que deseamos, por ejemplo: el bebé llora y recibe atención, alimento, cariño. De esta manera vamos creando fórmulas que funcionan en determinadas circunstancias y así vamos haciendo con todas las áreas de nuestra vida conforme vamos creciendo.

 

Estas fórmulas las almacenamos como “efectivas” y las usamos cada vez que requerimos algo y en ocasiones una misma puede servir para distintas facetas. El problema surge cuando no estamos conscientes de que hay distintas maneras de hacer las cosas y que es preciso adaptarnos y reformular nuestros procesos.

 

Es algo así como que te pusieras a llorar en un restaurante para que te dieran de comer. Suena gracioso e incluso absurdo, sin embargo lo hacemos de otras manera. “Es un tema de adaptación, de estar presentes, de flexibilidad e incluso de apego. Lo que pudo servir allá y entonces no necesariamente funciona aquí y ahora, ya que las variables cambian e incluso nosotros cambiamos.

 

Te voy a dar ejemplos de distintas áreas en las que puedes ver esto: Una pareja que lleva treinta años de matrimonio y que sienten que se están alejando porque no tienen relaciones sexuales como lo hacían en los primeros años y que creen que algo está mal. No es así. Las variables cambiaron: sus vidas han cambiado, hay otras actividades, compromisos que no existían antes y eso no significa que se quieran menos o que se tengan que separar. El trabajo consiste en disfrutar de lo que tienen hoy sin anclarse en el pasado creyendo que era mejor que lo que tienen hoy. ¿Qué tal que solamente es diferente?

 

O con nuestros cuerpos, si subimos o bajamos de peso ya no podremos usar la misma ropa y muchas veces insistimos en hacerlo. Hay que arreglar la que ya tenemos o dejarla ir y comprar algo nuevo, sin drama ni tristeza.

 

Es como actualizar nuestro teléfono celular, estamos acostumbrados a que cada determinado tiempo el sistema nos sugiere hacer una limpieza para eliminar lo que ya no funciona y ofrecernos opciones que se adapten más a las necesidades de los usuarios. Si dejas de hacer estas actualizaciones por mucho tiempo, llegará un momento en que el aparato no funcionará a su máxima potencia, se volverá lento y no funcione al cien por ciento.

 

Te invito a reflexionar acerca de tus fórmulas antiguas y que ya no te funcionan porque ya les llegó su fecha de caducidad y que seas creativo para desarrollar nuevas de acuerdo a tus valores, circunstancias y situaciones actuales.

 

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