Colores. Una buena costumbre. Clase. El Universal. Jueves 13 de noviembre 2014

Lo que se hace costumbre se convierte en la misma naturaleza”, Aristóteles.

 

Hace algunos años viví algo que ahora veo reflejado en los muros de Facebook: el lunes aparece como una amenaza, el despertar a una realidad que no es placentera después de un fin de semana de relajamiento.

 

Yo pasé por ahí. Incluso sentía tal ansiedad, que en un trabajo de freelance en donde me solicitaban asistir tres días a la semana, escogí empezar los martes.

 

Años después empecé mis estudios en temas energéticos y me interesé entre algunos temas, por la Astrología.

 

Entendí cómo los astros influyen en nuestro comportamiento. Seas escéptico o no, es indudable que la Luna influye en nuestro planeta. Si esto sucede con nuestro satélite, fue fácil entender que los demás planetas tienen una influencia directa en nosotros.

 

En una situación casual, me encontré con una persona a la que le gustaba mucho el tema y me contó que cada día de la semana está regido por un astro, satélite o planeta. Y que cada uno de ellos tiene un color con el cual podemos sintonizarnos para fluir mejor.

 

Así el domingo es el día del Sol y sus colores son el amarillo y dorado. El lunes  es el de la Luna: blanco. El martes de Marte: rojo. El miércoles  de Mercurio; colores en tonos cafés, ocres y naranjas. El jueves de Júpiter: azul y morado. El viernes: rosa y verde. Y el sábado negro.

 

La idea, según me dijo, era que al ponernos algún color, ya sea en la ropa o accesorio, estaríamos sintonizados con la energía de ese día.

 

Llevo cinco años haciéndolo e independientemente de la sintonía, porque puedes o no creer en esto, encontré muchas cosas que me cambiaron:

 

La primera es que me encantan los colores y de esta manera tuve la oportunidad de que formaran parte de mi vida. Por otro lado, al buscar en mi clóset el color que correspondía a ese día de la semana, dejé de usar siempre lo mismo, porque esto me invitaba a escoger opciones distintas. También caí en la cuenta de que era más fácil recordar lo que había hecho en el día al relacionarlo con lo que traía puesto.

 

Y lo más importante de todo, es que encontré que cada día de la semana tiene su propia personalidad. Y empecé a tomar el gusto por vivir cada uno de ellos de manera distinta.

 

Hoy es lunes estoy con un saco blanco y me siento muy entusiasmada de empezar esta nueva semana.

 

¡Algo que empecé a hacer como un hábito, se convirtió en mi propia naturaleza!

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