Abraza tus raíces. Clase. El Universal. Jueves 19 de noviembre 2015

"El mero hecho de que tus padres te trajeran al mundo los hace dignos de tu aprecio". Yehuda Berg.

 

Cuando somos niños, tendemos a ver a nuestros padres de una manera muy amorosa, pero a medida que pasan los años, nos convertimos en jueces y tendemos a juzgarlos con dureza.

 

Es una realidad que en la infancia es cuando se moldea la mayor parte de quiénes somos y que las personas de autoridad influyen de manera muy importante en nosotros.

 

Sin embargo, como adultos, es indispensable que seamos capaces de utilizar nuestro libre albedrío y nuestra conciencia para darnos cuenta que todo aquello que hemos criticado o que seguimos criticando, es como un lastre que nos impide vivir nuestra propia vida.

 

¿Cuántas veces nos damos cuenta que como adultos nos encontramos repitiendo lo que tanto nos molesta?

 

Lo primero es considerar que cada persona hacemos lo mejor que podemos con las herramientas que tenemos. Si somos capaces de identificar esto en nosotros mismos, ¿por qué no hacerlo también con nuestros padres? Desde esta perspectiva, podemos vernos y verlos a ellos de una manera mucho más justa y amorosa.

 

Ahora, hay situaciones en las que es muy difícil tratar de comprender las acciones y la forma en la que ellos de comportaron. Y aceptar que no podemos cambiarlos.

Pero, ¿por qué no pensamos que tal vez todo lo “malo” que vimos en ellos es una lección, para que nosotros aprendamos de sus errors decidamos hacer las cosas de una manera distinta?

 

La mayor parte de los problemas de los seres humanos proviene de esta idea de sentirnos superiores a nuestros padres y seguir atorados en el juicio hacia ellos y su modo de actuar.

 

Si no te es posible amarlos porque puede ser un hecho real que viviste situaciones muy difíciles, agradece el regalo más grande que te han dado, que es la vida.

 

Abrazar nuestras raíces significa aceptar de dónde venimos y que las cosas son como son. Es también sentirnos con la capacidad de discernir y dirigir nuestras acciones de la manera en la que creamos más conveniente. Al hacerlo nos sentiremos como un árbol fuerte y con una capacidad de expansión que ni el viento podrá tirarlo.  Después de todo el regalo ya nos fue dado y depende de nosotros y solamente de nosotros,  lo que hagamos con él.

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